Con un instrumento para proyectos de desarrollo en América Latina y el Caribe, UE, CEPAL y OCDE rubrican un cambio de mentalidad. Aceptan que, a pesar de sus altos ingresos, habrá que seguir poniendo el hombro. ¿Por qué?

Aunque en teoría no lo necesitarían, la Unión Europea, junto con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), ha acordado esta semana en La Habana un nuevo instrumento financiero destinado a apoyar económicamente el desarrollo de los países de América Latina y el Caribe. “Es una buena noticia”, dice a DW el eurodiputado Enrique Guerrero Salom. ¿Por qué?

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Ricos pero desiguales

Si nos fijamos en su producto interno bruto -los ingresos de un país divididos por su número de habitantes-, ni Brasil, ni México, ni Colombia, ni Perú y varios otros países de América Latina y el Caribe son pobres. Por lo tanto no requieren que los países más ricos, tampoco la Unión Europea, les ayuden con fondos para el desarrollo.

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No obstante, según la CEPAL, en México el 41,2% de la población vive en la pobreza; en Colombia, la tasa de pobreza rural asciende al 41,5%. En desigualdad, Chile y México encabezan la lista de los 34 países de la OCDE.  Y en Perú, el 47% de la población rural no tiene acceso a estructuras sanitarias.

“Hay países en América Latina que son menos pobres que la mayoría de los países africanos, pero dentro de esos países hay bolsas de pobreza importantes. Bien por minorías raciales o bien por extrema desigualdad de la población o bien por damnificados por el cambio climático”, explica Guerrero Salom, miembro de la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo.

“Aunque es verdad que los fondos de ayuda al desarrollo deben gastarse en los países más pobres, no es justo que esas situaciones de desigualdad, como las de los países de América Latina, no reciban algún tipo de apoyo en la cooperación al desarrollo por parte de la UE”, añade.

UE en retirada

Cabe recordar que, basándose en el indicador del ingreso per cápita, en 2009, la UE retiró a casi todos los países de América Latina de sus programas bilaterales de cooperación. Con Colombia -debido a su proceso de paz- se hizo una excepción. Con los otros, se optó por una salida lenta de los programas existentes. Y se puso el acento en programas regionales de cooperación, sobre todo en cuanto a cambio climático y seguridad.

“Desde la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo y desde las organizaciones que trabajan en cooperación al desarrollo siempre hemos considerado que medir el desarrollo de un país exclusivamente por el PIB es una medida que no refleja la realidad del país que puede estar sometida a grandes diferencias dentro del mismo. Por lo tanto, en un país como Brasil, su PIB, su renta por habitante, no es de un país pobre, pero tiene bolsas de pobreza muy importantes. ¿Debe resolverlo el propio gobierno de Brasil? Sí. Pero la UE puede cooperar apoyando programas específicos para necesidades muy concretas”, sigue Guerrero Salom.

Hace poco menos de un año, la Comisión de Desarrollo del Parlamento Europeo advertía a la UE -el mayor proveedor de ayuda en la región de América Latina y el Caribe- de retirar su cooperación, incluyendo a los países de renta media. “Las desigualdades persisten entre distintas zonas geográficas, entre las zonas urbanas y rurales, y afectan a las mujeres y minorías en particular, supondría un paso atrás que frenaría el desarrollo futuro de la región”, se afirmaba en el informe.

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Bajo el título “Facilidad para el Desarrollo en Transición”, ese instrumento regional busca prestar apoyo en el diseño e implementación de políticas públicas para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, como son lograr el fin de la pobreza y el hambre cero hasta el año 2030, es decir en poco más de una década.

“Con esta alianza estamos proponiendo un salto copernicano en la cooperación tradicional para el desarrollo y lo estamos haciendo para poder afrontar los nuevos desafíos económicos y sociales que enfrentan países como los de América Latina y el Caribe”, afirmó la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena en el marco del 37 período de sesiones del organismo (mayo 7-11).  Bárcena, por cierto, desde hace mucho tiempo viene subrayando la necesidad de cambiar los criterios para asignar fondos a la cooperación con la región, aduciendo que una mayor desestabilización de la región tendría consecuencias globales.

“Lo fundamental es el principio”

Así las cosas, las puertas que abre este nuevo instrumento son múltiples. Al momento de la firma, los europeos prevén nueve y medio millones de euros para ello. Si de apoyar la consecución de los ODS se trata, ¿la suma no es más bien simbólica?

“Efectivamente es poco”, responde Guerrero Salom. “Sin embargo, creo que aceptar que un país puede ser de renta media pero necesitar apoyo y ayuda al desarrollo en situaciones muy concretas es quizá más importante que la cantidad de dinero. La creación de este instrumento significa que esos países no están excluidos por principio y que siempre que justifiquen una situación extraordinaria son países que pueden recibir ese apoyo de la unión. La cantidad de dinero puede cambiar en el futuro; aceptar el principio es lo fundamental”, concluye.

*Noticia extraída de http://www.dw.com

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